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Abrir la agenda del teléfono puede convertirse a veces en una experiencia extraña. Nombres que durante años formaron parte de la vida cotidiana quedan ahí, congelados, sin rastro reciente de llamadas o mensajes. Durante años hubo comidas compartidas, conversaciones frecuentes, celebraciones en común. Todo parecía sólido. A veces, con el tiempo, ese entramado empieza a desvanecerse como si nunca hubiera tenido el peso que se le atribuía.
Gran parte de los vínculos que se sostienen a lo largo de la vida se apoyan en la proximidad. Compartir espacio y horarios facilita la conexión y genera la impresión de profundidad. El compañero de trabajo con el que se almuerza varias veces por semana, la persona del gimnasio con la que se intercambian comentarios breves, el vecino con el que se coincide cada mañana. Todo eso construye el vínculo.
Diversos estudios sobre envejecimiento y aislamiento social apuntan a que muchas personas nacidos en los años 60 y 70 llegan a la jubilación con agendas llenas de actividad social. Aun así, una parte significativa experimenta soledad. La diferencia está en la calidad de los lazos. La constancia no garantiza profundidad, y la repetición no implica afecto.
Cuando el deber ocupa el lugar del afecto
En el ámbito familiar ocurre algo similar. Encuentros, celebraciones y llamadas se hacen porque toca. Esos contactos no siempre reflejan una conexión emocional real.
El paso de los años tiende a poner orden en esa confusión. Se empieza a distinguir entre quienes están presentes por compromiso y quienes lo están por deseo. Ese filtro también afecta a las amistades. Hay relaciones que continúan porque romperlas exigiría explicaciones incómodas. Se mantienen planes que no interesan para evitar tensiones. Con el tiempo, esa inercia pesa más de lo que aporta.
La soledad que trae claridad
Envejecer introduce una forma particular de soledad que tiene que ver con la percepción de que muchas de las conexiones existentes carecen de significado. Se puede estar rodeado de personas y sentir que falta algo esencial.
La psicología define la soledad como la sensación de que las necesidades sociales no están cubiertas. Esa definición desplaza el foco desde la cantidad hacia la calidad. El problema no es cuántas personas forman parte de la vida, sino qué lugar ocupan realmente.
Las rutinas han actuado durante años como una estructura que sostenía esas relaciones, pero cuando esa estructura desaparece, queda al descubierto lo que había debajo. Veces, no hay nada.
Elegir los amigos y los vínculos sociales
Ese proceso puede resultar complejo, aunque también abre una posibilidad. Al reducirse el círculo, aparece espacio para construir relaciones desde otro lugar. Vínculos que no dependen de la coincidencia ni de la obligación, sino de la elección consciente. Las relaciones que perduran en ese contexto se sostienen en conversaciones más profundas y en una presencia menos automática.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.
Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar.
Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.











