Marcus tiene una bolas enormes. Afirma que su saco escrotal es más grande que una manzana, más grande que un mango. Este hombre de 57 años lleva décadas obsesionado con agrandar sus testículos, una pasión que cree que nació de los cómics que leía de niño, llenos de dibujos de culturistas capaces de cambiar de forma. Sin embargo, no sabe exactamente por qué acabó fijándose de forma tan intensa en sus genitales.

Según sus propias mediciones, Marcus dice haber conseguido que su escroto alcance los 37 centímetros, aproximadamente el tamaño de un melón pequeño, al inyectarse Surgilube, un lubricante quirúrgico hecho a base de gomas naturales hidrosolubles, en la zona. Es el último paso de más de treinta años de experimentos escrotales, que incluyen técnicas como el “pumping” (colocar un dispositivo de succión sobre el escroto que atrae líquidos hacia la zona) y las infusiones salinas. “Me sorprende lo flexible que son los testículos”, me dice. “Simplemente se expanden”.

Podría llamarse “ballmaxxing”: la búsqueda de testículos cada vez más grandes mediante infusiones de fluidos. Y, según quienes están obsesionados con el estiramiento escrotal, se trata de una práctica emocionante. En el subreddit r/salineinflation, con más de 8.700 seguidores, los miembros comparten fotos de escrotos extremadamente agrandados, tensos y casi translúcidos, describiendo los placeres casi psicodélicos de este procedimiento médicamente arriesgado. No hay una única razón que lleve a alguien a inflar sus genitales con líquido (otras partes del cuerpo como los pechos o los labios también pueden inflarse), pero los aficionados lo describen con términos muy variados: electrizante, adictivo, eufórico, trascendental.

Nada se compara realmente a vivirlo uno mismo”, dice Jack, un trabajador de 31 años aficionado a la infusión salina escrotal. “Tienes que convencerte de hacerlo, encontrar el momento, preparar todo y luego quedarte allí entre 30 minutos y una hora y media mientras hace efecto”. El procedimiento consiste en introducir un líquido (como Surgilube, suero salino, glucosa o dextrosa) en el saco escrotal a través de una vía intravenosa, perforando la piel en la unión entre la base del pene y el escroto con una aguja tipo mariposa o un catéter. Puede sentirse una sensación de ardor a medida que el suero llena la zona, pero para algunos entusiastas de la expansión escrotal esto forma parte del atractivo. “Verlo suceder y sentirlo en tiempo real es intenso”, dice Jack. “Todo el proceso previo es eléctrico. Es similar a un muy buen juego previo”.

Según una “guía para principiantes” fijada en la parte superior del subreddit r/salineinflation, una bolsa de cloruro sódico tarda más de 30 minutos en llenar el saco escrotal. Se afirma que un litro de suero salino puede mantener el escroto inflado entre 24 y 42 horas, y que cuanto mayor es la cantidad de líquido introducido, más duran los efectos.

Una vez agrandado, el escroto inflado se siente más pesado de lo habitual, lo que intensifica la experiencia sensorial al moverse. El sexo también se percibe de forma diferente. “Hay una masa que tiene su propio impulso e inercia”, explica Marcus.

Algunas personas que realizan infusiones salinas asocian esta práctica con el BDSM, debido a la combinación de sensaciones dolorosas y placenteras. Sin embargo, el origen exacto de este fetiche es incierto. Existe muy poca literatura sobre la práctica, y resulta difícil determinar con precisión cuándo comenzaron las personas a inflar el escroto con fluidos.

Por otro lado, las modificaciones del pene sí están bien documentadas. Ya en la Antigua Grecia, los hombres intervenían sus genitales: estiraban el prepucio y lo ataban con un cordel para ocultar el glande. En la India, el Kama Sutra, escrito alrededor del siglo III d. C., recomendaba a los hombres frotar sus penes con insectos con púas para alargarlos. Se dice que la tribu Topinamá de Brasil permitía que serpientes venenosas mordieran los penes con la esperanza de que se expandieran.

Los primeros implantes peneanos de acrílico se crearon en 1952, seguidos dos décadas después por rellenos de silicona líquida. Las cirugías de alargamiento de pene siguieron desarrollándose en los años 2000, incluyendo procedimientos como la ligamentolisis (corte del ligamento que conecta el pene con el hueso púbico), el trasplante de grasa y las inyecciones de rellenos dérmicos. Entre 2013 y 2017, la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética realizó 45.604 aumentos de pene en todo el mundo. En 2024, el mercado global de implantes peneanos se estimaba en 545,80 millones de dólares, unos 463,9 millones de euros al cambio.

Pero, a medida que los procedimientos de aumento del pene se diversificaban y las revistas masculinas (esta incluida) publicaban artículo tras artículo explicando a los lectores cómo conseguir un pene de mayor tamaño visual, nadie parecía hablar de los testículos. Esto, más allá de alguna referencia ocasional a Scrotox, un procedimiento que consiste en inyectar Botox en el escroto, con posibles beneficios estéticos como una piel más lisa y la apariencia temporal de unos testículos más grandes. Sin embargo, los cambios son sutiles, nada comparable a los efectos de la inflación con fluidos.

Para muchas personas que practican la infusión salina, el posible factor de impacto de unos testículos extremadamente agrandados contribuye al atractivo erótico. Un trabajador de TI de 29 años aficionado al bombeo escrotal me cuenta: “Sé que es extraño y de aspecto anormal —precisamente eso es lo que me gusta”. Un técnico electrónico de 35 años afirma que tener el escroto hinchado “me excita especialmente cuando me muevo en público, sabiendo que alguien puede verlo”. Otros entusiastas del ballmaxxing disfrutan de la sensación de parecer un animal pesado, como un toro o una vaca; o se excitan con la idea de estar haciendo algo “antinatural”.

Pero mientras algunos se excitan al transgredir los ideales corporales masculinos, otros se fijan en modelos más normativos de masculinidad. Varios de estos usuarios también han experimentado con el aumento del pene mediante bombas de vacío y creen que unos testículos de gran tamaño cumplen una función similar. “Me sentí tan masculino, un hombre de verdad”, escribió un usuario en r/salineinflation.

Varios otros afirman que pensaban que sus parejas sexuales podrían disfrutar de unos testículos más grandes, especialmente si no tenían un pene grande. “Pensé que quizá a una mujer le podría gustar un paquete más grande ahí abajo”, cuenta un hombre de 55 años que trabaja como directivo en el sur de California y que está interesado en la expansión escrotal. En realidad, sin embargo, los genitales artificialmente hinchados no son del agrado de todo el mundo. Varios practicantes del ballmaxxing admiten que sus parejas no están interesadas en la expansión escrotal, o que sienten nervios al contarle a la gente con la que salen que practican esto.

Una vez, Jack publicó en r4r, un subreddit donde la gente busca conexiones, preguntando si alguien estaría interesado en ver los resultados, pero la reacción fue decepcionante. “Varias personas respondieron con sorpresa, cuestionando por qué alguien haría algo así y actuando como si aquí hubiera un límite que no debería cruzarse”, explica.

Con el tiempo, Jack conoció a una mujer en FetLife, una red social para la comunidad BDSM, fetichista y kink, que quería ver una de sus infusiones. Decidieron quedar para cenar y luego fueron a su casa a ver una película mientras Jack realizaba la infusión. “Ella miraba de vez en cuando, tocaba y hacía algunas preguntas”, recuerda. “Su curiosidad era absolutamente eléctrica… probablemente porque esa curiosidad mostraba una especie de aceptación”.

Me preguntaba cómo los practicantes del ballmaxxing equilibraban el deseo de tener testículos muy grandes con su propia seguridad, y si la búsqueda de aceptación podía poner en riesgo su salud física. La “guía para principiantes” fijada en la parte superior del subreddit r/salineinflation describe varios protocolos de seguridad para la práctica de la infusión salina, como el uso de guantes de látex, la limpieza de la zona con toallitas de alcohol y la aplicación de un vendaje impermeable después. Sin embargo, el procedimiento no está exento de riesgos. En 2003, un artículo de investigación titulado “A complication of an unusual sexual practice” describió el caso de un paciente que desarrolló celulitis escrotal, una infección bacteriana de la piel que afecta las capas profundas y el tejido subcutáneo, tras comprar por internet un kit de infusión escrotal. Desde entonces, se han documentado otros informes de emergencias médicas.

Ninguno de los practicantes del ballmaxxing con los que hablé dijo haber necesitado atención médica tras la infusión salina. Y aunque se toman la seguridad en serio, la mayoría relataba experiencias inquietantes cuando algo salía mal: un técnico electrónico de 35 años afirma que una vez tocó una vena, lo que dejó su escroto amoratado y azul. Otra vez, se inyectó tanto líquido que no podía caminar. “Sentía el pubis en llamas”, recuerda.

Jack dice que ahora es extremadamente meticuloso con la colocación de la aguja después de haber notado una inflamación en la zona púbica cercana al abdomen (cree que pudo haber atravesado la fascia del cordón espermático, una estructura en forma de cordón que sostiene los testículos en el escroto). Algunos practicantes han relatado historias de terror que leyeron en Reddit, como la de alguien que calentó un envase de líquido en el microondas durante demasiado tiempo, provocando quemaduras internas. Otros describen picores, piel con manchas, ampollas, quistes y hematomas.

Incluso si el procedimiento se realiza perfectamente, los médicos suelen advertir contra la inflación escrotal. “La zona del escroto es muy sensible y contiene estructuras delicadas, incluidos los testículos, los vasos sanguíneos y los nervios, que no están diseñados para soportar una distensión por fluidos”, explica la doctora Shirin Lakhani, médica estética y experta en salud íntima en Kent, Inglaterra. Si un escroto se estira más allá de su límite y ya no puede expandirse, la piel puede romperse.

“También pueden producirse daños en los tejidos o en los nervios, ya que el estiramiento de la piel escrotal y de las estructuras subyacentes puede provocar microdesgarros, hematomas o daños a largo plazo en el tejido conectivo”, añade la doctora Lakhani. La acumulación de líquido puede afectar al flujo sanguíneo, con posible impacto en la función testicular, y también existe riesgo de complicaciones tardías, como disfunción eréctil e infertilidad permanente. Algunos efectos asociados pueden llegar a ser potencialmente mortales, como la gangrena (muerte del tejido por falta de riego sanguíneo) o la embolia (obstrucción de un vaso sanguíneo).

Aun así, para algunos practicantes de la inflación escrotal, la euforia de la transformación temporal supera el riesgo de daño permanente. Kevin, un trabajador tecnológico de 33 años que ha sufrido dismorfia corporal, afirma que la infusión salina fue para él una experiencia de afirmación de género. Empezó a experimentarla el año pasado, cuando un mal momento laboral coincidió con la ruptura de su relación de ocho años. Normalmente, cuando su trabajo le generaba estrés, se refugiaba en casa; pero ahora, al seguir viviendo con su expareja, sentía que no tenía a dónde acudir.

Kevin ya había empezado a explorar formas más suaves de modificación corporal, perforándose los pezones y la uretra, disfrutando de la sensación de autonomía corporal que le proporcionaba. Siempre se había sentido atraído por lo “extraño y poco convencional”, y se sentía cómodo entre personas consideradas “marginadas” o “outsiders”. También había utilizado una bomba de vacío para expandir su escroto, lo que le hacía sentirse más masculino. Entonces descubrió una publicación en X sobre la infusión salina. Le pareció el siguiente paso natural.

“Fue eufórico”, recuerda Kevin sobre su primera infusión. El proceso fue un ejercicio catártico de autodeterminación corporal. “Tomar control de mi propio cuerpo fue una gran parte de la motivación”, explica. “Las personas típicamente masculinas tienen mucho control en su vida”. Al mirarse en el espejo después, Kevin se sintió satisfecho con lo que veía. “Conseguí lo que esperaba experimentar”, dice. “Es como la Navidad, cuando recibes el regalo que ya esperabas”.

Kevin se sometía a infusiones hasta una vez por semana en el punto álgido de sus dificultades profesionales y personales. Era una forma de sentir que controlaba algo tangible cuando otras partes de su vida le resultaban inabordables. Pero cuando hablamos unas semanas después, las cosas empezaban a encajar poco a poco. “Siento que ahora hay mucho más control en mi vida”, me dice. Había empezado a salir con alguien nuevo, el trabajo iba mejorando y, con esos cambios, su deseo de tener unos testículos más grandes había disminuido. “Sigo apreciándolo”, añade, “pero nunca llegó realmente a convertirse en: ‘voy a hacerlo de verdad’. Ya no siento esa compulsión”.

Pero otros practicantes del ballmaxxing no tienen intención de frenar, incluso después de sufrir lesiones. Marcus afirma que una vez se le quedó el escroto atascado en el inodoro tras inflarlo con dos litros de suero salino. Se le desgarró la piel, que acabó formando una ampolla supurante. “Fue un poco doloroso”, dice. “De hecho todavía me estoy recuperando”. Sin embargo, a las pocas semanas la herida había cicatrizado y Marcus seguía adelante. “Creo que un poco más grande estaría bien”, comenta. Su plan es añadir 30 centímetros cúbicos de líquido al saco escrotal izquierdo y 20 al derecho. “Eso debería ser ‘perfecto’”.

Nota del editor: Los nombres han sido modificados.

Vía: Men's Health US
Traducido y editado por Gustavo Higueruela
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Arielle Domb
Freelance Writer

Arielle Domb is a journalist and a photographer based in London who investigates health, sex and subculture. Her work has appeared in the New York Times, the Guardian, VICE, Vogue, Cosmopolitan and more.