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Hay una idea que aparece en cualquier conversación sobre atractivo: la creencia de que basta con ser “mejor” para gustar más. Mejor físico, mejor trabajo, más seguridad. Esa lógica se rompe en cuanto entra en juego la percepción. En la práctica, no siempre destaca quien más tiene, sino quien mejor sabe mostrarlo. El atractivo, más que una cualidad fija, funciona como un lenguaje que se aprende, se interpreta y se proyecta.
De cosas como esta habla Víctor Amat, psicólogo y autor que ha dedicado buena parte de su trabajo a desmontar ideas preconcebidas sobre la seducción. Su enfoque gira en torno a entender cómo funcionan las dinámicas humanas cuando alguien intenta conectar con otra persona. En su último libro, ‘Las 10 leyes para ser jodidamente irresistible’, plantea una tesis que incomoda a muchos: el atractivo tiene menos que ver con lo que uno es y mucho más con cómo lo comunica.
En nuestra conversación, Amat va directo al punto. Señala que el problema no está tanto en la falta de cualidades como en la manera de gestionarlas. Según explica, hay un error que se repite con frecuencia y que condiciona cualquier intento de resultar interesante.
“En realidad ganan las personas que se saben vender, no los mejores, sino los que mejor se venden. Es así de fácil, por eso yo suelo decir que vivimos en un mundo que premia el narcisismo”, asegura.
La afirmación invita a replantear el concepto de autenticidad. A entender que toda interacción implica una cierta puesta en escena. En ese sentido, la seducción se acerca más a la comunicación estratégica que a la espontaneidad pura. Saber destacar lo relevante, generar interés y conectar con el otro forma parte del mismo proceso.
Pero Amat introduce un matiz clave que, según él, marca la diferencia entre quienes logran atraer y quienes se quedan en el intento. “El error que cometemos la mayoría de los hombres para pretender ser irresistibles es pensar que las mujeres piensan igual que nosotros”, apunta. “Como cuento en el libro, lo más importante, lo más persuasivo que hay es escuchar. Escuchar para saber bien qué es lo que el otro quiere y qué es lo que el otro le duele y qué es lo que al otro le preocupa y entonces usar eso para poder ofrecer lo que tú tienes”.
En el fondo, lo que plantea Amat conecta con una lógica muy presente en otros ámbitos, desde la publicidad hasta la política. La capacidad de influir depende en gran medida de entender a quién se tiene delante. En el terreno personal, ese principio se traduce en algo tan sencillo como complejo: prestar atención real. Escuchar sin pensar en la siguiente frase, sin anticipar respuestas, sin imponer un guion propio.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.
Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar.
Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.





